Queridos amigos, soy Rosa Soler y voy a invitaros a que conozcáis un poco mejor  tanto mi vida como mi experiencia  esotérica, mi verdadera vocación, en la que la llevo más de treinta años.

Nací en 1968 en un pueblo cercano a Valencia en una familia dedicada tradicionalmente a la agricultura y a la ganadería, por lo que, como podréis imaginar, en los años sesenta y en ámbitos rurales más conservadores, la práctica esotérica y todo lo relacionado con lo sobrenatural se consideraba extraño, en ocasiones malévolo y a sus practicantes con frecuencia se les temía sin motivo alguno ya que por iniciativa se temía a todo lo que no se podía entender o controlar, así que no crecí precisamente en el ambiente más propicio para desarrollar mi vocación, aunque afortunadamente ya existían personas que empezaban a entender tus inquietudes y te alentaban en tu empeño.

Sin embargo, desde niña desarrolle una curiosidad innata por todo lo compresible, desde cuestiones racionales y convencionales, como problemas matemáticos, hasta  misterios parapsicológicos.

Desde que tengo unos de razón recuerdo una fascinación especial por lo esotérico y todo lo relacionado con el mismo y, paradójicamente y sin proponérselo, el gran artífice fue mi padre.  Él era la persona más maravillosa que he conocido, con una gran sabiduría natural y un carisma capaz de atraer a todo el que se acercara a él. Mientras fuimos niños fue mi padre quien dirigió nuestros juegos y quien durante las noches de verano ideó un juego especial, que para mí supuso el verdadero descubrimiento de lo que quería ser y a donde pretendía llegar: los niños de los alrededores nos sentábamos en un banco en una plazoleta cercana y mandándonos cerrar los ojos y susurrándose frases al oído nos mandaba que levantásemos a quien tuviéramos a nuestro lado con dos dedos.

Puede pareceros una  iniciación muy pueril y primaria, pero a partir de los ocho  ó nueve años ya comencé a desarrollarme, de manera  autodidacta y totalmente intuitiva como pitonisa.  Recuerdo con cariño mi primera predicción con personas  de mi familia valiéndome únicamente de un péndulo que mi padre me dio para jugar y de lo poco que conocía todavía sobre esa manera de adivinar, pero parecía que había nacido con el péndulo en la mano. A esa edad ya era habitual verme entrenarme con mis amigas con las cartas de zener. La verdad es que con el paso de los años las amigas y personas mayores que me conocieron cuando no  era más que una niña han reconocido que yo siempre fui brujita o rarita. A veces pienso que se dieron cuenta antes que yo misma que lo vivía de una forma tan natural… como si  formara parte de mi misma tanto como respirar.

A partir de esa edad mi destino esotérico  y yo fuimos inseparables e imparables,  a pesar de las arduas luchas familiares que tuve, ya que según crecía mi familia natal se oponía más duramente a mi interés por estudiar y ejercer  como futurista y curandera o sanadora.

La verdad es que empecé muy joven. A la edad de 9 años hice mis primeras predicciones, a los 12 o 13 años hice mis primeras intrusiones con magia blanca (afortunadamente mi ángel de la guardia me protegió bien porque a esas edades este puede ser un mundo realmente peligroso). Fue a esa edad también  cuando empecé a relacionarme con el curanderismo. De hecho, a los 15 años tuve mi primera experiencia de enfrentamiento con un espíritu algo violento  que estaba causando problemas a una amiga mía llamada Mari Carmen. Por cierto no sé como salí airosa de esa experiencia y con mi objetivo conseguido, aunque no ilesa,  ya que me lleve un buen golpe de dicha energía contra la pared (supongo que también mi falta de experiencia me llevo a precipitarme sin demasiadas protecciones). La cuestión es que esa experiencia me hizo reflexionar con respecto de la faceta espiritista a la cual actualmente apenas me dedico, solo me enfrento a estos seres cuando es absolutamente necesario y con la máxima precaución.

El caso es que como podéis imaginar a la edad de 15 años ya me manejaba  a la perfección con la  baraja española del el  tarot. La verdad es que comencé a estudiarlas y utilizarlas como a los 12 ó 13 años, antes incluso de acabar mi formación académica básica. En cualquier caso aunque estaba muy claro que cualquiera de las diversas ramas del esoterismo me fascinaba  y a pesar de que había fuertes muestras de mi  inclinación por lo relacionado con sanación, magia y predicción, aún no estaba claro el método a emplear para ello, o con cuál de los múltiples métodos me fusionaría mejor. Fue una etapa de mi vida que recuerdo con un cariño especial, en la que me adentré en un mundo mágico y misterioso, en la que bebía de todas las fuentes posibles. No obstante, por deseos familiares, continué mis estudios secundarios y, más tarde superiores, pero descubrí que estudiar una carrera, llevar una vida convencional, ser economista… no era el destino esperado, yo iba más allá teológicamente hablando.

En busca de mi camino en relación con la técnica predictiva recorrí  la sabiduría del péndulo  del I-Ching, también los palillos chinos, el significado de los dados y del dominó que también son utensilios predictivos aunque se conozcan más  como juego popular, las piedras, la bola de cristal, las runas, la numerología  etc. Y solo después de haber conocido todas estas técnicas me decidí a interesarme más por el tarot o cualquier otro tipo de cartas ya que es por su gran variedad de matices y combinaciones lo que más detalles y más claridad me aporta, y permite abrir la vía precognitiva y videncial  con mayor amplitud.

En cualquier caso en ocasiones utilizo alguna de las otras prácticas como el I-Ching o el péndulo como complemento si la situación lo requiere.

Pero no solo me dedido a la videncia, utilizando el tarot como medio principal como ya os he dicho antes, ya que también dedico mis esfuerzos hacia la energía. A los 23 años de edad, y a raiz de una enfermedad de la que no hablaré mucho, pero que era bastante grave, empecé a interesarme por las canalizaciones energéticas, y como estas son capaces de ayudarnos de las más diversas formas, apoyándonos y fortaleciéndonos para poder superar los más difíciles retos, o sencillamente para permitirnos vivir una vida tranquila y feliz.

Seguramente os sorprendería, al igual que me sorprendió a mi cuando empecé a descubrirlo, todo lo que la energía es capaz de hacer por nosotros. En los más diversos aspectos de nuestra vida influye de tal manera que todo parece encajar, todo parece más sencillo y poco a poco recuperamos una estabilidad que, posiblemente, creímos haber perdido.

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